Ya las alarmas se habían encendido con la llegada de Internet en 1990, sobre la posible desaparición de los medios tradicionales de comunicación: prensa, radio y televisión. Diferentes posturas, que aún se mantienen, se elevaron sobre esta situación entre los diferentes sectores de los medios, la academia y la opinión pública. En un extremo los “escépticos”, ven la llegada de Internet y de los nuevos medios tan solo como nuevos escenarios de comunicación; pero de ninguna manera, un riesgo para la existencia de los medios tradicionales. Con una visión moderada, los “realistas” comprenden que los medos tradicionales inevitablemente evolucionaran hacia plataformas digitales en Internet y telefonía celular. Este enfoque, intenta mediar entre la pasión de producir mensajes escritos y audiovisuales en prensa, radio y televisión, y el temor de explorar nuevos lenguajes, nuevos formatos y nuevos medios en escenarios virtuales. En el otro extremo los “apocalípticos”, como yo, que definitivamente creen que los medios tradicionales terminaran transformándose en nuevos medios digitales. No se trata de que la prensa, la radio y la televisión desaparezcan. Por el contrario, se trata de un proceso acelerado de alineación y concordancia entre la empresa de comunicaciones, el tipo de producción, el medio digital, los niveles de acceso, los hábitos de consumo y las audiencias. Esta postura, muy debatible y opinable como las demás, ve cómo, por ejemplo, el libro, no sólo evolucionó a formatos digitales, sino cómo éste, se transformó en una biblioteca portátil, con 5000 títulos, por ahora, del tamaño de un poco más de una palma de la mano. Por supuesto que el libro no ha desaparecido. La pregunta es hasta cuándo durará?, y la respuesta obvia en nuestros días es, hasta que sea rentable el vender libros físicos. Lo mismo pasa con los periódicos. No es un secreto que las empresas informativas vienen reduciendo el número de tirajes. Que las páginas son cada vez menores. Y que por fortuna, son cada vez más los portales informativos en Internet y en telefonía celular. Basta visitar www.newmuseum.com , para ver más de 2000 de las portadas de los diarios más importantes del mundo. Será cuestión de tiempo, el tener el mismo número y más, a disposición de los lectores el contenido completo de los periódicos. Ni que decir de la televisión tradicional. La televisión digital logra en toda su expresión integrar la producción, el medio digital y las nuevas audiencias. Tener un canal, no un programa, era impensable para la inmensa multitud de televidentes, ya es posible, solo basta una cuenta en You tuve. Tener una cámara de TV. era un lujo para los hogares, hoy todo celular tiene una de ellas. En efecto producir televisión profesional es otra cosa, y es para expertos. Por su parte la radio, afectada en el futuro cercano por los bajos niveles de consumo de las nuevas generaciones, puede encontrar un lugar ideal en las nuevas plataformas digitales. Sin embargo, tendrá que lidiar los desafíos de las nuevas audiencias de jóvenes, que no escuchan noticias, sólo escuchan música, no radio. Este escenario podrá ser lidiado si la empresa radial comprende que las nuevas generaciones son adictas al ciberespacio, y que su lugar natural de comunicación social es Internet y el celular. En esta corta mirada de la transformación de los medios, se entiende que en el ciber espacio se encontrará la nueva economía, el comercio y los medios transformados, hoy en creciente aumento acelerado en los países desarrollados, y pendiente aún en aquellos como los latinoamericanos, donde es rentable todavía mantener medios tradicionales. Se trata entonces de que la empresa de comunicaciones observe el mercado y decida, más pronto que tarde, cuáles son los nuevos nichos de comunicación digital en donde invertir. Y deje a un lado el posible romanticismo que se arraiga a técnicas en desuso y obsoletas, que más que aportar a la construcción de sociedades comunicadas, desinforman sobre la verdad de la realidad social. Lo que no cambiará, y no puede hacerlo, a pesar que se transformen los medios, son el periodismo, su lenguaje, sus géneros y formatos, que no podrán ser reemplazado por los llamados “periodistas ciudadanos”, que tan solo con una cámara y un celular, intentar reemplazar al profesional, que sabe su oficio y la responsabilidad que conlleva el comunicar la verdad. No podrá ser reemplazado el productor de televisión, de entretenimiento, ficción y de información. El lenguaje audiovisual, su escritura y narrativa, no se construyen con una mini cámara y un celular. No cambiará el lenguaje radial, sus narrativas y formatos. Hasta los jóvenes se vuelven adultos y terminan escuchando noticias y variedades en radio. Pueda que la empresa informativa cambie de manos en su estructura de propiedad, pero la economía de los medios, como nunca, verá más rentable sus inversiones en medios digitales en Internet y telefonía celular, porque a la par de la transformación de los medios tradicionales hacia los nuevos escenarios digitales, galopa a la misma velocidad la publicidad, reguladora y dinamizadora por naturaleza del mercado mediático. Solo es cuestión de tiempo; cuándo la publicidad avance más rápido que los medios en Internet y en telefonía celular, nuestros medios tradicionales serán un bello recuerdo de la invención humana. A pesar de que algunos aún prefieran ver televisión en blanco y negro, o tomar y revelar fotografías en rollos químicos. Recordemos que hasta el cine, escéptico por naturaleza del laboratorio digital, terminó aceptándolo y poniéndolo a su disposición.