En nombre de la Universidad de Los Hemisferios y su facultad de Comunicación, queremos agradecer a UNESCO esta alianza para conseguir la visita de una de las periodistas más importantes de América Latina, Jineth Bedoya, con motivo de la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, y agradecerle a ella misma su gentileza al aceptar la invitación, a esta casa académica, y a compartir su visión sobre la ética en el ejercicio de la libertad de prensa en escenarios de conflictos, como es el caso del conflicto armado colombiano. Desde la misma naturaleza humana, la Libertad esta consignada como un don dado por Dios. Y, a través de la historia, los diferentes pueblos, la han buscado, defendido y proclamado, incluso las fatídicas guerras que sangran nuestro pasado nos recuerdan la trascendencia de la libertad, y de lo que es capaz el hombre para conseguirla. La libertad no tiene color político, ni religioso, ni social, ni económico, y mucho menos tiene propietarios externos a cada uno de nosotros. La libertad es la libertad, es propia de cada hombre y de cada mujer. La esclavitud es la más perversa de sus aberraciones. Y no solamente la esclavitud racial, sino la esclavitud de conciencia. Aquella en que la voluntad y la razón se doblegan negando a la persona el derecho fundamental del libre pensamiento. Sin embargo, y si se quiere, la dignidad humana puede mantenerse a pesar de ello, y puede sobreponerse al dolor, como exposición profunda de los espíritus magníficos. La Libertad de Prensa es una de las manifestaciones de la libertad humana. Es el derecho a hacer público, lo público, es el derecho de las personas a publicar los asuntos que parten y confluyen al común. Es el derecho de las personas a buscar y comunicar la verdad que compete a los asuntos públicos. Pero esta tarea, la de buscar y comunicar la verdad, como expresión de la libertad de prensa conlleva responsabilidades individuales y colectivas de extrema gravedad, y condiciones organizacionales que garanticen la justicia de la información publicada. La libertad de prensa tiene sus consecuencias: los deberes. Su punto medio: la justicia con la verdad. No basta la libertad de prensa por la libertad. Se requiere el cumplimiento responsable con la verdad y del ejercicio ético del periodista. El peor enemigo de la verdad es la mentira en cualquiera de sus formas. Los deberes con la libertad de prensa, tienen que ver con el respeto de lo íntimo de las personas: lo propio de la dignidad humana, y con el respeto de las libertades de los otros. En post de la libertad de prensa, no se pueden cometer los desfases que pueden cometer los estados con sus pueblos. Los medios periodísticos no pueden convertirse en poderes absolutos de la verdad porque caen en el absolutismo; no pueden ser la única voz autorizada para comunicar, porque caen en el autoritarismo; no pueden ser los todos poderosos de la información porque caen en el totalitarismo, todas estas formas políticas deplorables de la sociedad humana. La libertad de prensa tiene consecuencias: los deberes. Libertad sin responsabilidad es una peligrosa anarquía. El sujeto de la libertad de prensa es el periodista, no es el medio periodístico. La ética profesional no es del medio periodístico, es del periodista; la responsabilidad social no es del medio periodístico, es del periodista. Es el periodista quien sufre en la búsqueda de la verdad, se expone y se vuelve víctima de la realidad. Es el periodista quien debe impartir justicia a la verdad, cuando es justo con ella, es justo con la sociedad. Toda omisión de la verdad, es una injusticia, es una mentira. La principal arma del periodista es la ética, no es la palabra. Libertad de prensa sin ética, es la injusticia a la verdad. Y donde no hay ética, impera la ley. Hoy celebramos el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Es un llamado al ejercicio responsable de la prensa. Un llamado urgente a la práctica de la ética periodística.